Todo edificio habla, pero hay que hacerlo reír.

Todo edificio habla, pero hay que hacerlo reír.

domingo, 6 de octubre de 2013

Jornadas Internacionales de Investigación

Durante el 26, 27 y 28 de Junio de 2013 tuvo lugar la primera parte de las "Jornadas Internacionales de Investigación, 3er foro internacional en ciencias de los ámbitos antrópicos" celebrado en el Centro de Ciencias del Diseño y la Construcción de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (México) y la segunda parte tiene lugar el 7 y 8 de Octubre de 2013 en en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá (España). Tendrán lugar en horario de mañana y tarde y versan sobre el Patrimonio, Territorio y Paisaje. Tengo la suerte de poder hacer una de las ponencias en este encuentro internacional sobre las catástrofes urbanas y su relación con la trama urbana de Garachico.



viernes, 12 de julio de 2013

Smart Cities

Las áreas urbanas crecen a una velocidad de vértigo, donde la mitad de la población mundial vive ya en ciudades, en España  por ejemplo solo el 20% reside aún en zonas rurales.
La previsión de Naciones Unidas para 2050 será que el 70% de los seres humanos habitarán centros urbanos, lo que califica de auténtico problema a no ser de que se logre la armonía espacial-social-ambiental de las localidades y entre sus habitantes.

Las ciudades inteligentes hacen uso de avances tecnológicos para mejorar la calidad de vida, donde es necesario conseguir hacer mucho con poco, a través de una buena gestión de recursos para mantener la calidad de los servicios.

En los espacios urbanos del futuro la colaboración público-privada se abre hueco para reducir costes y mejorar la eficiencia. Un ejemplo es Ferrovial que firmó un contrato con el Ayuntamiento de Birmingham para la gestión y  mantenimiento de las carreteras y otras infraestructuras públicas de la ciudad británica. El acuerdo supone una inversión de 2.700 millones de libras (3.200 millones de euros) en 25 años y tiene como objetivo mejorar en un 30% la productividad y un 20% la eficiencia.

"Las ciudades las transforman los alcaldes, y las empresas servimos de catalizadores para que se produzcan esos cambios. El sector privado puede ayudar a financiar a los ayuntamientos y también puede contribuir a la gestión de la eficiencia. Las administraciones deben dar un paso adelante aclarando el marco jurídico", reflexionó Rafael del Pino. La compañía que preside ha alcanzado un acuerdo con el Massachusetts Institute of Technology para impulsar iniciativas de ciudades inteligentes por el que invertirá cinco millones de dólares (3,7 millones de euros) durante los próximos cinco años.

Durante décadas las infraestructuras civiles han solucionado los problemas de las ciudades y ahora parece que llega el momento de que la tecnología digital dote de más eficiencia a las infraestructuras civiles.

Pero, ¿cómo aplicar en la práctica los avances tecnológicos? El concepto de ciudad inteligente hay que enfocarlo al conocimiento en tiempo real de lo que ocurre en las ciudades, interpretar los datos y dar el mejor servicio a los ciudadanos. "Para saber lo que ocurre en una localidad lo que hacen falta son sensores que puedan medir determinados parámetros (estado del tráfico, concentración de personas...) y enviar esa información a centros de procesamiento de datos. En este sentido, para las empresas de telecomunicaciones en el futuro va a ser más negocio la comunicación entre máquinas que entre personas", indicó el directivo de Telefónica.

En el ámbito universitario también hay proyectos para la ciudad digital del futuro. Un ejemplo es la Universidad de Alcalá. "Es necesario lograr una integración completa entre los sensores que puedan existir en una ciudad inteligente y los sistemas de toma de decisión. La aplicación de la tecnología servirá para lograr mejoras energéticas, ecológicas...", describió Gutiérrez de Mesa, vicerrector de este centro.


sábado, 27 de abril de 2013

No, no son genios los que necesitamos ahora



Al escribir esto no es mi intención ni mi deseo sumarme a los que gustan de hablar y teorizar sobre Arquitectura. Pero después de veinte años de oficio, circunstancias imprevisibles me han obligado a concretar mis puntos de vista y a escribir modestamente lo que sigue:

Un viejo y famoso arquitecto americano, si no recuerdo mal, le decía a otro mucho más joven que le pedía consejo: “Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas.” También le decía: “Detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves.” Un hombre; no decía siquiera un arquitecto.

No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas, siempre dudosos. Algo de tradición viva está todavía a nuestro alcance, y muchas viejas doctrinas morales en relación con nosotros mismos y con nuestro oficio o profesión de arquitectos (y empleo estos términos en su mejor sentido tradicional). Necesitamos aprovechar lo poco que de tradición constructiva y, sobre todo, moral ha quedado en esta época en que las más hermosas palabras han perdido prácticamente su real y verdadera significación.

Necesitamos que miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (en mayúscula), en dinero o en las ciudades del año 2000, y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor).

Tengo el convencimiento de que cualquier arquitecto de nuestros días, medianamente dotado, preparado o formado, si puede entender esto también puede fácilmente realizar una obra verdaderamente viva. Esto es para mí lo más importante, mucho más que cualquier otra consideración o finalidad, sólo en apariencia de orden superior.
Creo que nacerá una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.

Creo que para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo. Creo que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador.

Imagino a la sociedad como una especie de pirámide, en cuya cúspide estuvieran los mejores y menos numerosos, y en la amplia base las masas. Hay una zona intermedia en la que existen gentes de toda condición que tienen conciencia de algunos valores de orden superior y están decididos a obrar en consecuencia. Estas gentes son aristócratas y de ellos depende todo. Ellos enriquecen la sociedad hacia la cúspide con obras y palabras, y hacia la base con el ejemplo, ya que las masas sólo se enriquecen por respeto o mimetismo. Esta aristocracia, hoy, prácticamente no existe, ahogada en su mayor parte por el materialismo y la filosofía del éxito. Solían decirme mis padres que un caballero, un aristócrata es la persona que no hace ciertas cosas, aun cuando la Ley, la Iglesia y la mayoría las aprueben o las permitan. Cada uno de nosotros, si tenemos conciencia de ello, debemos individualmente constituir una nueva aristocracia. Este es un problema urgente, tan apremiante que debe ser acometido en seguida. Debemos empezar pronto y después ir avanzando despacio sin desánimo. Lo principal es empezar a trabajar y entonces, sólo entonces, podremos hablar de ello.

Al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias, a la ligereza, la prisa, la falta de vida espiritual o de conciencia hay que enfrentar la dedicación, el oficio, la buena voluntad, el tiempo, el pan de cada día y, sobre todo, el amor, que es aceptación y entrega, no posesión y dominio. A esto hay que aferrarse.

Se considera que cultura o formación arquitectónica es ver, enseñar o conocer más o menos profundamente las realizaciones, los signos exteriores de riqueza espiritual de los grandes maestros. Se aplican a nuestro oficio los mismos procedimientos de clasificación que se emplean (signos exteriores de riqueza económica) en nuestra sociedad capitalista. Luego nos lamentamos de que ya no hay grandes arquitectos menores de sesenta años, de que la mayoría de los arquitectos son malos, de que las nuevas urbanizaciones resultan antihumanas casi sin excepción en todo el mundo, de que se destrozan nuestras viejas ciudades y se construyen casas y pueblos como decorados de cine a lo largo de nuestras hermosas costas mediterráneas.

Es por lo menos curioso que se hable y se publique tanto acerca de los signos exteriores de los grandes maestros (signos muy valiosos en verdad), y no se hable apenas de su valor moral. ¿No es extraño que se hable o escriba de sus flaquezas como cosas curiosas o equívocas y se oculte como tema prohibido o anecdótico su posición ante la vida y ante su trabajo?

¿No es curioso también que tengamos aquí, muy cerca, a Gaudí (yo mismo conozco a personas que han trabajado con él) y se hable tanto de su obra y tan poco de su posición moral y de su dedicación?

Es más curioso todavía el contraste entre lo mucho que se valora la obra de Gaudí, que no está a nuestro alcance, y el silencio o ignorancia de la moral o la posición ante el problema de Gaudí, que esto sí está al alcance de todos nosotros.

Con grandes maestros de nuestra época pasa prácticamente lo mismo. Se admiran sus obras, o , mejor dicho, las formas de sus obras y nada más, sin profundizar para buscar en ellas lo que tienen dentro, lo más valioso, que es precisamente lo que está a nuestro alcance. Claro está que esto supone aceptar nuestro propio techo o límite, y esto no se hace así porque casi todos los arquitectos quieren ganar mucho dinero o ser Le Corbusier; y esto el mismo año en que acaban sus estudios. Hay aquí un arquitecto, recién salido de la Escuela, que ha publicado ya una especie de manifiesto impreso en papel valioso después de haber diseñado una silla, si podemos llamarla así.

La verdadera cultura espiritual de nuestra profesión siempre ha sido patrimonio de unos pocos. La postura que permite el acceso a esta cultura es patrimonio de casi todos, y esto no lo aceptamos, como no aceptamos tampoco el comportamiento cultural, que debería ser obligatorio y estar en la conciencia de todos.
Antiguamente el arquitecto tenía firmes puntos de apoyo. Existían muchas cosas que no eran aceptadas por la mayoría como buenas o, en todo caso, como inevitables, y la organización de la sociedad, tanto en sus problemas sociales como económicos, religiosos, políticos, etc., evolucionaba lentamente. Existía, por otra parte, más dedicación, menos orgullo y una tradición viva en la que apoyarse. Con todos sus defectos, las clases elevadas tenían un concepto más claro de su misión, y rara vez se equivocaban en la elección de los arquitectos de valía; así, la cultura espiritual se propagaba naturalmente. Las pequeñas ciudades crecían como plantas, en formas diferentes, pero con lentitud y colmándose de vida colectiva. Rara vez existía ligereza, improvisación o irresponsabilidad. Se realizaban obras de todas clases que tenían un valor humano que se da hoy muy excepcionalmente. A veces, pero no con frecuencia, se planteaban problemas de crecimiento, pero afortunadamente sin esa sensación, que hoy no podemos evitar, de que la evolución de la sociedad es muy difícil de prever como no sea a muy corto plazo.

Hoy día las clases dirigentes han perdido el sentido de su misión, y tanto la aristocracia de la sangre como la del dinero, pasando sobre todo por la de la inteligencia, la de la política y la de la Iglesia o iglesias, salvo rarísimas y personales excepciones contribuyen decisivamente, por su inutilidad, espíritu de lucro, ambición de poder y falta de conciencia de sus responsabilidades al desconcierto arquitectónico actual.
Por otra parte, las condiciones sobre las cuales tenemos que basar nuestro trabajo varían continuamente. Existen problemas religiosos, morales, sociales, económicos, de enseñanza, de familia, de fuentes de energía, etcétera, que pueden modificar de forma imprevisible la faz y la estructura de nuestra sociedad (son posibles cambios brutales cuyo sentido se nos escapa) y que impiden hacer previsiones honradas a largo plazo.

Como he dicho ya en líneas anteriores, no tenemos la clara tradición viva que es imprescindible para la mayoría de nosotros. Las experiencias llevadas a cabo hasta ahora y que indudablemente en ciertos casos han representado una gran aportación, no son suficientes para que de ellas se desprenda el camino imprescindible que haya de seguir la gran mayoría de los arquitectos que ejerce su oficio en todo el mundo. A falta de esta clara tradición viva, y en el mejor de los casos, se busca la solución en formalismos, en la aplicación rigurosa del método o la rutina y en los tópicos de gloriosos y viejos maestros de la arquitectura actual, prescindiendo de su espíritu, de su circunstancia y, sobre todo, ocultando cuidadosamente con grandes y magníficas palabras nuestra gran irresponsabilidad (que a menudo sólo es falta de pensar), nuestra ambición y nuestra ligereza. Es ingenuo creer, como se cree, que el ideal y la práctica de nuestra profesión pueden condensarse en esloganes como el del sol, la luz, el aire, el verde, lo social y tantos otros. Una base formalista y dogmática, sobre todo si es parcial, es mala en sí, salvo en muy raras y catastróficas ocasiones. De todo esto se deduce, a mi juicio, que en los caminos diversos que sigue cada arquitecto consciente tiene que haber algo común, algo que debe estar en todos nosotros. Y aquí vuelvo al principio de esto que he escrito, sin ánimo de dar lecciones a nadie, con una profunda y sincera convicción.

José Antonio Coderch, 1960

viernes, 15 de febrero de 2013

Exposición de la VIII BIAU en Lisboa




Hoy viernes 15 de Febrero se inaugura en Lisboa la exposición de la VIII BIAU (Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo), en donde se expondrán los proyectos premiados en el certamen celebrado en Cádiz del 10 al 14 de Septiembre.
Una exposición que nos invitará a recorrer la arquitectura de los nueve países representados (Brasil, Portugal, España, México, Argentina, Colombia, Ecuadro, Paraguay y Chile), y que supondrá el acto de apertura de la nueva Galería de Arquitectura Boavista (Rua da Boavista 50, Lisboa), que abre sus puertas por primera vez mediante este evento.
La exposición permanecerá abierta hasta el 31 de marzo y en ella se celebrarán interesantes conferencias y debates con los arquitectos portugueses premiados en la VIII BIAU: 

15 FEBRERO_19:30H
PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN
Inés Lobo + 
Ángela Paredes + Ignacio Pedrosa
CONFERENCIA
João Luis Carrilho da Graça
28 FEBRERO_21:30H
CONFERENCIA
Cristina Guedes + Francisco Vieira de Campos + Ricardo Bak Gordon
14 MARZO_21:30H
CONFERENCIA
María Manuel Oliveira + João Mendes Ribeiro
28 MARZO_21:30H
CONFERENCIA
Aires Mateus + Alvaro Puntoni

martes, 15 de enero de 2013

ESQUELETOS DEPORTIVOS 2.0


Brasil, siguiente país en realizar los JJ.OO y el Mundial de Fútbol en los próximos años además de otros eventos culturales es un país potencialmente en crecimiento. Ahora bien, sabemos todos de las necesidades sociales de la comunidad brasileña especialmente de los Cariocas donde parte de su población se encuentra viviendo en la ciudad informal, muchos de ellos en las conocidas favelas o en espacios intersticiales de la ciudad formal.

La reflexión que hago la he detectado desde hace tiempo y se constata año tras año, en este caso el ejemplo de Rio de Janeiro plantea un Museo para el Mañana donde se desconoce el programa que tendrá tal museo, en una zona portuaria y sin vinculación con la ciudad.

¿Para qué un Museo del Mañana sin tener resuelto los problemas del presente?

Museo del Mañana (Rio Janeiro)


Favela Rocinha (Rio de Janeiro)

Para la realización de estos Mega-eventos se plantean grandes infraestructuras, en donde la adecuación no cabe duda que es importante pero creo personalmente la clave está en la mutabilidad. Las infraestructuras al igual que la sociedad deben  tender al progreso y al cambio constante por lo que un estadio con un solo uso es una oportunidad perdida para la ciudad. 

No hablemos de los eventos pasados como la Eurocopa y el Mundial de Fútbol de Sudáfrica donde se han construido estadios en ciudades donde la capacidad del estadio serviría para la mitad de la población y que se convertirán con el paso del tiempo en lo que yo denomino "Esqueletos Deportivos".



El uso de estructuras innovadoras o cubiertas plegables puede posibilitar usar un estadio como lugar de encuentro, podría estar abierto a la gente, podría cerrarse en determinadas ocasiones o abrirse totalmente o simplemente simultanear eventos deportivos. 

sábado, 16 de junio de 2012

ESQUELETOS DEPORTIVOS

El auténtico filón a pesar de las crisis sucesivas a lo largo de la historia seguirán siendo los eventos deportivos o por lo menos a día de hoy es un hecho constatable a pesar de estar en plena recesión económica.

Mundiales, Eurocopas o Juegos Olímpicos son escenarios idílicos para revalorizar ciudades o reactivarlas, creando una infraestructura nueva de una gran capacidad para tales eventos.
No obstante el triunfo y el éxito de estos planteamientos muchas veces no sobrepasa el marco deportivo una vez acabadas dichas competiciones, debido a que la planificación muchas veces parece estar ligada exclusivamente al éxito y satisfacción deportiva en el transcurso de los mismos, dejando a un lado la evolución de la nueva infraestructura al acabar el evento y la posibilidad de crear ciudad.
Sin duda un valor publicitario que han querido incorporar a países con menor desarrollo como Sudáfrica o Ucrania, para reactivar sus economías y proyectar esa imagen de país progresista y en continua evolución.

Los éxitos de los eventos deberían dar sus frutos no en la clausura del mismo, sino en los años venideros. Cuando el "bullicio" abandone la ciudad o país al terminar el campeonato, quedaría el esqueleto de una nueva oportunidad de progreso. Muchos estadios con capacidades desbordantes no volverán a tener nunca más una ocupación de más del 60% en sus gradas. Por ello diseñar un estadio para dichos espectáculos debería de ser algo más que un lugar donde sentarse o correr 90 minutos, debería estar acorde con la escala propia de la ciudad más que la escala del evento, por ello es vital tener un gran compromiso social de crear ciudad, de crear equipamientos y  de articular la trama deportiva,  porque este sobredimensionamiento excesivo de las infrastructuras deportivas deja sin generar espacios de calidad y de relación entre el ciudadano y las actividades que plantea la ciudad, todo ello provoca que existan auténticos elementos casi inertes en el paisaje urbano sin una buena planificación.

Más que el diseño se debería tener en cuenta "la naturaleza" del estadio (Louis Khan) y lo que cada lugar pide o parece reclamar como necesidades. No podemos colocar un hito en la ciudad por que sí, hoy en día los hitos parecen responder a la escala de la edificación pública (museos, centros comerciales, estadios, hoteles, auditorios, etc).  Su ubicación también suele tener una lectura periférica en la ciudad creando nuevos polos atractores.


Estadio en Dubrovnik  (uso deportivo + uso residencial).

Estadio de Atletismo en Olot (ejemplo de adecuación).

En ambos caso desaparece el concepto de "hito" asociado a la gran escala y plantea integraciones diferenciadas, la primera de ellas en la ciudad  reduciendo la altura y aumentando el perímetro y la segunda una intervención respetuosa en la naturaleza.




jueves, 3 de mayo de 2012

La Piel en arquitectura


La piel del edificio se convierte hoy en día en uno de los elementos más interesantes del proyecto, ya no sólo por la apariencia del mismo, sino que puede enfatizar lo que queremos realizar con una piel exterior que recubra el edificio y a su vez conseguir confort si utilizamos una doble piel.

Hay pieles geométricas, pieles muy orgánicas, pieles paramétricas, doble pieles, pieles naturales,...

Recomendable el libro sobre pieles que nos protegen en nuestro habitat.

Libro sobre Pieles: enlace 



FRASES DE LA SEMANA

Ya no acampamos nunca, nos hemos asentado en la tierra y olvidado el cielo.

HENRY DAVID THOREAU

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"Que las casas sean jardínes y los jardínes casas"

LUIS BARRAGÁN

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"Me fascinan las iglesias porque en ellas tienes la sensación de ser el protagonista. En realidad, deberías ser capaz de entrar en una iglesia y sentir que estás en el centro del universo"

MARIO BOTTA

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"La originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones"

ANTONIO GAUDÍ

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“De Le Corbusier, oí cierta vez que arquitectura es invención y lo tomé como regla para mi trabajo. Pero lo más importante no es la arquitectura sino la vida, los amigos, y este mundo injusto que debemos modificar. Lo importante es mejorar el ser humano, sentir su fragilidad”.

OSCAR NIEMEYER

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"La televisión ha robado a la arquitectura el impacto de la imagen."

PETER EISEMAN

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"Treinta rayos convergen hacia el centro de una rueda, pero es el vacío del centro el que hace útil a la rueda.

Con arcilla se moldea un recipiente, pero es precisamente el espacio que no contiene arcilla el que utilizamos como recipiente.
Abrimos puertas y ventanas en una casa, pero es por sus espacios vacíos que podemos utilizarla.
Así, de la existencia provienen las cosas y de la no existencia su utilidad."

LAO TSE